sábado, 24 de octubre de 2009

¿Cómo afecta Second Life a la vida real?

Hace tiempo nos preguntábamos en una de nuestras reuniones si es peligroso Second Life. La verdad es que es un tema recurrente porque tenemos miedo que lo sea. Es como si fuese demasiado bonito para que fuese inocuo ¿no?.



Lo cierto es que por mucho que se diga lo contrario, Second Life no se puede separar de la vida real y nuestras experiencias en el mundo virtual influyen en el real, lo queramos o no y el que esa influencia sea positiva o negativa depende de nosotros mismos.



Es cuestión de pura lógica, de matemáticas si queréis. Tenemos un tiempo para desarrollar nuestras actividades y podemos ejercer cierto control sobre parte de ese tiempo. Podemos decidir pasar la tarde leyendo un libro o paseando por Second Life y ambas cosas formarán parte de las experiencias de nuestra vida. El que sea positivo o no dependerá de lo interesante que fuese el libro o de lo productivo del paseo, pero la experiencia ya ha quedado grabada.

El otro día hablamos de eso en la sede del grupo y comentamos un artículo de la revista Time que se titula “¿Cómo afecta Second Life a la vida real?”. En él, entre otras cosas se habla de las experiencias del profesor Jeremy Bailenson, director del Virtual Human Interaction Lab (VHIL) de la Universidad de Stanford.



Ya hemos hablado también de la influencia del entorno en nuestra conducta. Bailenson no es el primero en hacer experimentos de psicología social en el mundo virtual, pero los suyos son muy interesantes.

En uno de ellos comprobó una cosa de sobra conocida en el mundo real, la autopercepción influye en la conducta. Si estamos satisfechos con nosotros mismos y nuestra apariencia tendemos a ser mas sociables, en caso contrario tendemos a retraernos.



Bailenson comprobó esto también en el mundo virtual. Asignó aleatoriamente avatares atractivos o desagradables a treinta y dos sujetos experimentales. Luego se comprobó cómo interactuaban en Second Life. Los poseedores de avatares atractivos tendían a ser más amistosos, mostrar más confianza y a mantener relaciones de una manera más cercana. Los avatares menos agraciados se relacionaban menos, mantenían más las distancias y revelaban menos datos personales. Vamos como en la vida misma.

Otro investigador estudió el efecto de la altura en la autoconfianza. Asignando igualmente de manera aleatoria avatares altos o bajos a otro grupo de sujetos experimentales. Luego se les proporcionó una cantidad de dinero y se les pidió que realizasen algún tipo de operaciones económicas en el mundo virtual.



Los altos tendían a mostrar más autoconfianza y a ser más agresivos en sus operaciones financieras, sacando más rendimiento. Inmediatamente después, al terminar esta fase se les pidió que hiciesen lo mismo en el mundo real y curiosamente las personas tendieron a mantener cara a cara el mismo comportamiento que en el mundo virtual y con los mismos resultados.

No nos ha de sorprender entonces que este comportamiento virtual afecte también a la salud en el mundo real. En otro experimento se asignaron avatares a setenta y cinco voluntarios que se dividieron en tres grupos. En uno sus avatares eran de aspecto similar a ellos y estaban en un escenario en el que hacían deporte. En otro grupo sus avatares eran también de aspecto similar al de los sujetos experimentales pero estaban en un escenario que simulaba un salón en el que podían charlar cómodamente. En el tercero, los avatares no se parecían a los sujetos, pero al igual que los del primer grupo, estaban en un gimnasio haciendo ejercicio.



Al día siguiente se dio a los sujetos experimentales la oportunidad de elegir entre distintas actividades que podían hacer ellos mismos, no sus avatares. Los sujetos del primer grupo se decantaron mayoritariamente por las actividades deportivas, cosa que no ocurrió con los otros dos.

Ello nos demuestra que los sujetos que se identificaron con su avatar, se contagiaron de su actividad y la siguieron haciendo en su vida real. Es curiosa e inquietante esta mezcla que ocurre entre la vida real y la virtual, aunque algunos piensen que Second Life es sólo un juego que se detiene al apagar el ordenador. Ahora sabemos que consciente o inconscientemente nos vemos “realmente” influidos por lo que hacemos “virtualmente”.



¿Se habrán enterado de ello los publicistas?. Piensa un momento las consecuencias. Aún sabiendo que es publicidad diseñada por la marca, tendemos a comprar los productos que anuncian en televisión. ¿Cuánto más se verificará esta tendencia si el anunciante en cuestión proporciona a nuestro avatar la posibilidad de probar su producto en Second Life?.

Que no, que no estoy hablando de ciencia ficción. Por ejemplo, podemos vestir nuestros avatares a la moda y con caras ropas de marca. Ver lo bien que les queda y estar tentados de adquirir prendas parecidas para nosotros en RL. Ya, ya sé que eso a ti no te pasa, que en SL llevas alas, armaduras o pieles de guerrera, pero mira a los de tu alrededor y dime si a todos les pasa lo mismo.



La mayoría lo tenemos claro, pero los publicistas también se han dado cuenta que detrás de cada avatar hay un cliente…. perdón, una persona ¿en qué estaría yo pensando?. En fin, quizás sea deformación profesional, pero piensa que hace muchos años ya Watson abrió la caja de los truenos cuando se dedicó a hacer publicidad subliminal para Coca Cola.



Cito para terminar unas palabras del propio Bailenson “He estado haciendo esto (estudiar la conducta en los mundos virtuales) durante años y la gente se reía de mí. Ahora de repente la gente no para de llamar interesándose por lo que hago”.

Personalmente ya sabéis lo que opino. Tenemos una vida que vivir pero ahora podemos hacer en entornos diferentes. Hagamos lo que hagamos siempre será nuestra vida y las experiencias, aprendizajes y emociones de uno u otro entorno van siempre al mismo saco, al de nuestro conocimiento.

Saludos,



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